::: Versión
real sobre lo ocurrido aquella noche con Tontitos... digo, Malitos
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Hasta la aparición en escena de Malitos, la noche
se desarrollaba como cualquier otra; hay que decir que aquel primer
encuentro, lejos de pasar inadvertido para mí, me cambió
la vida. Os cuento por qué:
Era una de las primeras veces que había decidido
pasar la noche en ese extraño lugar llamado Biltoki, del que
mucha gente -según me habían advertido- no volvía
a salir como había entrado. Se comentaba que era un lugar con
cierto poder de atracción y que, poco a poco, te anulaba la personalidad
y la capacidad de decisión (esto lo comprobé mas adelante
cuando conocí a Malitos).
Nunca hice caso de estas advertencias... pero ya es
tarde para lamentaciones. Entré en el local con decisión,
desafiando todos los peligros, y al comprobar que el ambiente "parecía
normal" (y aquí está el mayor engaño), me
puse a bailar sin preocuparme de nada más. Me habían dicho
que lo mejor en estos casos para no llamar la atención suele
ser acercarse a la barra de vez en cuando y pedir limonada, así
que lo hice, no sin cierto esfuerzo, todo hay que decirlo, ya que los
mozos del valle de Artze se empeñaban en bailar conmigo una y
otra vez.
Por fin alcancé mi meta y fui a caer en el lugar
mas despejado de todo el local (unos minutos más tarde comprendí
a qué se debía aquel fenómeno). La gente se agolpaba
a los lados de la barra, y en el centro, un apuesto joven, solo, y en
apariencia algo bohemio... Realmente aquello me hizo sospechar, pero
era la manera más rápida de pedir, así que arriesgué.
Me puse a su lado y él debió pensar que lo que intentaba
era entablar una conversación, ya que en pocos segundos me atosigaba
con todo tipo de preguntas y comentarios absurdos e inoportunos que
apenas conseguía vocalizar. En fin, qué pena de chico,
pensé...
Logré pedir mi limonada, y me disponía
a marchar de allí con la excusa infalible de que "mis amigas
me están esperando" cuando, fatalidades del destino, una
ranchera empezó a sonar y todo el bar pronto estaba bailando.
Malitos me agarró, e insistió en que compartiéramos
aquel baile, y fue este el fatídico momento en el que todo empezaría
a cambiar irremediablemente. Siempre supe que el error fue mio, pero,
¿cómo decirle que no a un chico que pasaba las noches
solo, al lado de la barra, y en la única compañía
de un Beefeater? Y más aun, ¿cómo decirle que no
al único chico del local que se había quedado sin pareja
para aquel baile? No me pude negar.
Me ahorraré comentarios acerca de los pisotones
que recibí aquella noche, ya que es uno de los pocos aspectos
del relato de Malitos que se mantiene fiel a la realidad. Sin embargo,
con la excusa de "...bueno, yo no sé bailar muy bien, podrías
enseñarme un poco...bla, bla, bla..." no había forma
de que el chico me soltara. Primero fue una de Rocío Durcal,
luego una de David Bisbal, otra de Paulina Rubio... y Malitos se iba
acercando más y más, mientras yo hacía vanos esfuerzos
por soltarme, y aunque era evidente que su experiencia con mujeres dejaba
bastante que desear, él seguía intentándolo por
todos los medios (me ahorraré detalles que detesto recordar).
Durante el tiempo que duraron nuestros bailes, pude
distinguir gestos de compasión en los rostros de muchas de las
personas que se movían a nuestro alrededor. Algunas chicas miraban
incluso como si supieran exactamente por lo que estaba pasando. Me encontraba
yo absorta en mis pensamientos a la par que concentrada en controlar
el acoso de Malitos cuando de repente... ¡¡ la jota !! Estaba
salvada... o eso creía...
Salí como pude de aquel antro, y arranqué
a gran velocidad mi BMW Z3... le pisé tanto como la potencia
del motor lo permitía. De repente, y asustada por un extraño
y poderoso rugido, miré por el retrovisor y, a lo lejos, pude
divisar la silueta de un viejo automóvil... ¡¡¡
el R8 !!! Sabía que nada podía hacer para escapar de aquella
máquina infernal, así q hice lo que cualquiera en mi situación
hubiera hecho: adentrarme en las oscuras pistas de los montes, que me
llevarían directa a casa. No podía imaginar que hubiera
alguien que conociera mejor que yo aquellos caminos, sin embargo mi
seguridad me traicionó, y el R8 terminó por darme alcance.
No tuve mas remedio que echar a correr por esos montes hasta llegar
a casa. Malitos debió quedarse desconcertado y eso me proporcionó
la ventaja suficiente para cerrar todas las puertas y ventanas antes
de que él llegara. ¡¡ Al fin a salvo !!
Mi vida cambió a partir de aquel día:
decidí no volver nunca por el Biltoki, aunque más tarde
supe que él no había podido olvidarme y que su obsesión
llegaba al punto de provocarle alucinaciones en las que creía
bailar con una hermana mía (q nunca ha existido) o recibir correos
amenazantes.
Herido en lo más profundo de su ego por mi rechazo,
se propuso arruinarme la vida por todos los medios, y aun hoy sigue
difundiendo historias que nunca ocurrieron cada vez que se le presenta
la oportunidad.